Matias

Matias

COTIDIANAS


                                                 EL FACILISMO

 
El lunes al mediodía, mientras almorzaba en una estación de servicio, escuché una conversación que mantenían tres señores (la escuché por obligación, porque hablaban como si estuviesen en el medio del campo) en torno a la juventud de hoy en día. No les seguía bien el curso de los diálogos pero alcancé a entender que ése era el motivo de la “disertación”.

Mi computadora seguía en reparación, el televisor de la estación estaba apagado, no había diarios y mi única alternativa de distracción era el celular.

Entonces, mientras esperaba por mi almuerzo, saqué mi celular y entré al Facebook. En el preciso momento en que escribía mi contraseña escucho que uno de los hombres de la mesa vecina decía:

-¡Ahí tenés la enfermedad! Tiki tiki con el celular. Todo el día así. Generación de ignorante y boludos. Eso quieren los gobiernos.

Tengo muchos defectos. Pero por suerte dentro de mis virtudes están el respeto y la ubicación. Cosa que los muchachos de la otra mesa evidentemente carecían. Ni siquiera tuvieron la prudencia de reflexionar más bajito, como para que yo no escuchara. O quizás la intención era instruirme con alguna lección de vida. Vaya uno a saber.

Si fuese otra clase de persona, o si fuese tan pedante como ellos, podría haberme levantado de mi silla, dirigirme con tranquilidad hasta la mesa y preguntarles si alguna vez leyeron Rayuela de Cortazar. Si conocían las obras de Tito Cossa o los maravillosos personajes de Ricardo Halac. Si sabían lo que significaba modular a Sol mayor en música. Si recordaban de memoria los cuentos de Edgar Allan Poe. Si habían visto No habrá más penas ni olvido de Osvaldo Soriano…

Sospecho que hubiesen tenido respuestas para cada cosa que les hubiese preguntado. Al menos parecían tener verdades irrefutables sobre el rumbo que debería tomar la humanidad. Lo que había que hacer para frenar el dólar. Los cambios indispensables para terminar con los problemas defensivos de la Selección Argentina.

No salían de sus bocas ningún esbozo de duda. Eran afirmaciones tajantes. Verdades reveladas como para estampar en un grafiti, o en eslóganes de campañas. Hubo uno que envalentonado con su discurso, aseguró que era capaz de enderezar los rumbos de la juventud y el país en solo cinco días. Me llamó la atención. Se ve que pensaba arreglar el mundo y el fin de semana echarse a descansar. Interesante, porque supuestamente al vago de Dios le llevó un día más crear el universo.

Yo no sé si el problema de la juventud es la conectividad constante. Si la televisión embrutece. Si el problema está en la educación o en los excesos nocturnos. Si es un problema que empieza por casa, o es producto de una sociedad en deterioro. Ni siquiera tengo en claro si la juventud de hoy es tan mala como la pintaban estos tres mosqueteros o es sólo producto de esa costumbre de enaltecer todo tiempo pasado. 

Lo único que tengo claro es que este tema, como tantos otros referentes a la vida moderna, y no tan moderna, son demasiados complejos como para simplificarlos con el Facilismo que se los analiza constantemente en las numerosas sobremesas que formo parte o que tengo que presenciar desde la otra mesa, como en este caso.

La liviandad en los análisis queda en evidencia cuando se cae en la ingenuidad de creer que con un par de gritos y manotazos la humanidad se encarrilaría. Lo más increíble es que piensen que esa forma de proceder sería novedosa.

Tampoco creo en los falsos aduladores de la juventud. Esos que se llenan la boca repitiendo esa frase trillada “el futuro está en la juventud”. Creo que el futuro somos todos y lo construimos ahora entre todos. Ancianos y jóvenes. No importan las edades, solo las intenciones.

Me resisto a pensar la vida con el Facilismo que se escucha a veces en la vida cotidiana:  Si Messi metía dos goles contra Alemania en la final del mundial de Brasil, era mejor que Maradona...Si ponemos un Policía en cada esquina, se termina la inseguridad...Si tenés buen sexo con tu pareja, se acaban los problemas...Si tenés plata sos feliz...

Yo no tengo verdades irrefutables, aunque intento tener opiniones sobre los distintos temas que se vayan a tratar en una sobremesa. No recurro a la sordera, aunque a veces no puedo evitar mirar para otro lado cuando una realidad social me perturba.  Me da miedo la inseguridad, aunque hago esfuerzos por no caer en la paranoia. No soy un santo, pero intento no ser un hijo de puta.

Soy tan solo un pesimista esperanzado que intentaba distraerse con su celular mientras esperaba el almuerzo. Aunque para los seguidores del Facilismo sea un boludo ignorante que habría que enderezar con cinco días de cachetazos mágicos.

 

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