Matias

Matias

COTIDIANAS


                                   PELOTAS DE COLORES

 
-Tío mati vamos a jugar a las pelotas – me dijo mi sobrino Salvador,  y recordé el juego que le había hecho unos meses atrás...

El juego comenzaba con la rutinaria forma que tenía siempre. Salvador me pedía que lanzara la pelota amarilla bieeeennn alto y yo hacía caso un par de veces.  Lanzaba la pelota hacia el cielo y la atajaba antes de que caiga al suelo. Cada tanto, cuando notaba que mi sobrino comenzaba a aburrirse de la rutina, fingía no llegar a atajarla o quedarme sin fuerzas y apenas elevar la pelota amarilla unos centimetros por el aire.

Una tarde se me ocurrió hacer una variacion en el juego.

Cuando Salvador me alcanzó la pelota amarilla yo escondí una pelota roja en mi espalda.  Decidí probar un truco de magia bastante trucho.

Aprovechando que Salvador miraba hacia el cielo cuando la pelota volaba por el aire, tiré la pelota amarilla arriba del techo en caida y arrojé una pelota de otro color al mismo tiempo, pero para otro costado y lo incitaba a que mirara en la dirección en que caería la pelota de color diferente a la rutinaria amarilla. Entonces, Salvador me veía lanzar la pelota amarilla por el aire, pero despues veía caer una pelota roja.

La primera vez que realice el truco, Salvador agarró la pelota roja y me miró obnubilado. Yo dije: “magia” y él dijo: “otra vez tío Mati”.

Seguí con el truco un buen rato más. La pelota amarilla era enviada hacia el techo pero caian pelotas de colores distintos.

Era hermoso ver la expresión de asombro de mi sobrino ante cada cambio de color en las pelotas. A veces alternaba el truco con la usual caida de la pelota amarilla para que el asombro no se vuelva rutinario.

Que linda es la vida cuando la pelota cambia de color y nos sacude la monotonía. Cuando mirás un partido de futbol en el que los jugadores corren detrás de la pelota amarilla, pero de repente a Tevez se le ocurre un taco imprevisto, Erbes entra al area y parece que va a lanzar un zurdazo al arco pero no hace lo previsto y con la pierna derecha da un pase para que Calleri arrojandose de palomita envie la pelota roja dentro del arco.

Cuando una obra de teatro te hace olvidar por un rato que existe un después amarillo. Cuando te das cuenta de que no sirve de nada estar al tanto de las noticias desagradables. Cuando te acordas que hacer lo que te gusta nunca va a ser un fracaso. Cuando un niño te tiene a mal traer todo el día con sus sus pedidos, no das más de tanto trajín, tenes ganas de sentarlo en una silla y que no moleste más, pero de repente te mira con los ojos entusiasmados, te dice: “vamos a jugar a las pelotas tío Mati” y vos entendes que el cansancio a veces desparece si se renueva la ilusion.  

No importa que hoy parezca un día de pelotas amarillas. Uno sabe que en cualquier momento van a caer de otro color. Como dice mi vieja, lo importante es no perder la capacidad de asombro.   

 

  

 

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