Matias

Matias

COTIDIANAS


                                                 SERES DE LUZ

 
Es sábado a la noche, hace horas que se cortó la luz y pensaba en las películas de época, ambientadas, por ejemplo, en la era del imperio Romano, donde veías las calles repletas de antorchas y gente alegre en cualquier rincón del imperio compartiendo un momento agradable iluminados por el fuego romántico de las velas y me dije: ¡Qué suerte que tenemos de poder disfrutar esta especie de volver al pasado en el pueblo!

Porque es como estar viviendo por un rato, o para ser más exacto, por varias horas y varios días de distintos meses, casi todos los años, aunque haya sol o la vieja esté en la cueva, en un mundo antiguo.

En definitiva, ¿no es romántico que se corte la luz y vivamos un momento armoniosamente oscuro como si estuviésemos en el siglo en que Cristóbal Colon “descubrió” América? …

Tal vez querías ver un partido de futbol por televisión, está bien, pero pensa las cosas lindas que podes hacer sin electricidad un sábado a la noche.

Quizás tu mujer quería secarse el pelo con el secador, pero recordale que en la casa hay toalla (tal vez sería prudente que primero tantees el estado de ánimo de tu mujer si vas a hacerle esa sugerencia).

A lo mejor pensabas poner un poco de música mientras te tomabas un trago, pero reflexiona sobre las oportunidades que te brinda una noche lluviosa en un bar, aunque quizás te convenga asegurarte que tengan grupo electrógeno para poder divisar si hay gente o te confundiste de lugar y entraste en un garaje vecino al bar.

Además, lo bueno del pueblo en donde vivo es que no tenés que andar sacando y guardando las velas a cada rato, no hace falta. Pensándolo bien, la tienen jodida los habitantes de otros pueblos en que la luz se corta, por ejemplo, tres veces al año nomás. Es un garrón que se corte tan poquito porque te agarra desprevenido, en cambio con Flor ya decidimos los lugares estratégicos y los platitos con las velas están todo el año en su lugar. Distribuidos por toda la casa y con una cajita de fosforo al lado de cada platito para no renegar. Lo bueno de tener una electricidad tan histérica es que te incentiva a ser organizado.

Está buenísimo si te estás quedando sin batería en el celular. Porque es como si estuvieras en una película de suspenso. Esperando hasta el último minuto para develar el misterio de si volverá la luz a tiempo o morirá tu teléfono.

Si alquilaste una película, jodete. Vos ya sabés perfectamente que cuando el viento sopla un poquito hay grandes probabilidades de que te tengas que meter el DVD en el orto. Si no lo queres entender lo lamento. Y seguro que cuando volvió la luz volviste a prender el DVD esperanzado en seguir mirando la película como si no conocieras las costumbres bipolares de nuestra electricidad.

Y no me van a decir que no es por demás de productivo leer un libro en la cama con una velita en la mesa de luz. A lo mejor estás un poco contracturado al otro día, pero esas noches son las más rendidoras para tu cultivación literaria porque sabés que es la única opción que te queda, después de que se te apagó el celular, no tenés batería en la notbook, y no podes prender el televisor ni escuchar música.

Justamente es lo que pienso hacer ahora, ni bien se termine el uno por ciento de batería que me queda en la computadora. Leer un libro hasta quedarme dormido.

Seguramente cuando me despierte el mundo volverá a su año actual.
Iré hasta el baño para lavarme los dientes, apretaré la perilla y las lámparas de bajo consumo se prenderán. Espero que sea así, porque si no mañana mi ánimo ya no estará ni para ironías.

  

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