Matias

Matias

HINCHA PELOTAS


                                  LA MADRE DE MIS HIJOS

 
La televisión me arruinó la vida. Así nomas te lo digo, como para que quede claro de entrada. Pero te voy a explicar  por qué digo lo que digo.

Porque yo sé que hay muchos en la barra que se enojan cuando me las agarro con la televisión,  y tal vez tengan razón porque por ahí me pongo un poco denso. Pero cuando yo te cuente lo que me pasó, sé que me vas a entender, y no me vas a verduguear como lo hacen los demás. Por eso te lo quiero contar a vos.

¿Te acordás que el otro día me preguntaste quién era Sofía, la mina que todos los muchachos de la mesa me cargan? Bueno, para que entiendas por qué odio tanto a la televisión tengo que contarte mi historia con Sofía.

Resulta que estaba en un bar esperando a un tipo que me iba a ayudar con un trámite para el negocio.Te estoy hablando de bastante tiempo atrás, imaginate que yo todavía no tenía el estudio contable, y mientras estaba sentado en una mesa tomando un cortado y haciendo tiempo revisando mensajes de texto, boludeces que uno hace cuando no sabe qué mierda hacer, porque hay que estar muy al pedo para ponerse a revisar los mensajes del celular que ya viste, escucho una puteada, me doy vuelta y veo a un tipo desencajado, gritándole al televisor. Pero sacado, mal.

Yo me entré a cagar de risa porque estaban pasando los goles que le habían hecho a Racing el fin de semana, así que imaginate, para un bostero como yo era una delicia ver a un hincha de la academia en ese estado de exasperación.  Bueno, la cuestión es que cuando lo estoy mirando al tipo, veo a una mina sentada en otra mesa, llena de papeles y carpetas que miraba el televisor y negaba con la cabeza.

Pobre mina, pensé yo, debe querer estudiar o concentrarse en lo que esté haciendo y el infeliz con las puteadas no la deja centrarse en lo suyo.  Para colmo, el tipo no sabés lo que era, le daba puñetazos a la mesa, puteaba a los jugadores, se las agarraba con el árbitro, insoportable…

En un momento lo llamé al mozo y le dije si no podía calmarlo, más que nada por la minita, a mí mucho no me importaba. El mozo me dijo que le iba a decir, pero se hizo el gil y desapareció. A todo esto te digo que en el bar los únicos que estábamos éramos el fanático de Racing, la mina y yo.

No sé si fue un poco la bronca por la actitud del mozo, o por apiadarme de la minita que tenía que aguantar al infradotado aquel, pero me levanté y me fui a decirle que se calmara, que había una mujer que no tenía por qué escuchar esas groserías. Se lo dije lo más amable que pude, porque no tenía ganas de pelear y lo único que faltaba era que el tipo se encabronara conmigo. Pero lo tomó súper bien, me pidió perdón y hasta me dio el control remoto para que cambie de canal. La verdad que con lo alterada que está la gente hoy en día, fue un milagro que haya reaccionado de manera tan pacífica.

Bueno,  apagué el televisor y la miré a la mina como para hacerle notar que me había dado cuenta de la situación y, no sé, esperaba un gracias, o un gesto mínimo de agradecimiento, pero la mina me miró feo y me dijo ¿Qué hacés? Te digo que me descolocó, porque me puso una cara de orto terrible. Entonces le pregunté, medio dubitativo, ¿estabas mirando?

 Y me dijo, Sí, y si no te molesta quiero seguir viendo. Te juro que no entendía nada. Creo que puse la misma cara de pelotudo que estás poniendo vos ahora. Me quedé como tildado. Obviamente yo imaginaba otra respuesta por parte de ella. Bueno, prendí el televisor, y se me dio por preguntarle si ella también era hincha de Racing. No le pregunté si le gustaba el fútbol porque era obvio que sí.  Apenas asintió con la cabeza y siguió mirando el televisor como hipnotizada.  A mi me cayó la ficha en ese momento…

Quizás a vos nunca te pasó algo así, pero yo en ese instante sentí que había encontrado a la madre de mis hijos. Ya sé, por ahí te parece exagerado o cursi, pero te juro por la bombonera que eso fue lo que sentí. Nunca me había pasado. Porque, vamos a ser sinceros, lo primero que se te viene a la cabeza cuando observás a una mina que te gusta es cómo será en la cama, y Sofía era hermosa, pero a mí se me cruzó esa idea, ésta es la madre de mis hijos.

Hubo una confusión que jugó a mi favor. Porque yo le había preguntado si ella “también” era hincha de Racing. Ella tomo ese “también” como una afirmación de que yo era de la academia. Pero en realidad yo lo había dicho por el tipo de la otra mesa.

No sé si alguna vez leíste algo del sincro destino.  Yo nunca le había dado importancia a todas esas cosas de las coincidencias. Para mí siempre habían sido charlatanerías. Boludeces que cree la gente de guita porque están al pedo y no tienen nada que hacer más que andar por la vida asombrándose por cualquier pelotuda coincidencia. Pero tiene que ser verdad, porque cómo me explicás lo que me pasó con Sofía.

Es cierto, yo no soy de Racing, ahí no hay coincidencia, todo lo contrario, polos totalmente opuestos, pero yo hablo de lo que pasó en ese momento cuando ella creyó que yo era de Racing.

A ver… si hubiese sido otra mina, o si no hubiera sentido  esa fuerte atracción, ni loco le habría dicho que sí, que era de Racing. Pero me salió natural. Como si hubiese nacido en avellaneda. Le dije; por supuesto y me senté en su mesa.

Lo mágico fue cuando le conté que mi ídolo había sido siempre el Toti Iglesias. Porque mirá que hay tipos que han hecho historia en Racing. Podría haber nombrado cualquier otro jugador, qué sé yo, el chango Cárdenas, Rubén Paz, el piojo López,  jugadores que un futbolero como yo, aunque sea de Boca, escuchó nombrar o vio jugar alguna vez en la vida. Pero yo lo nombré al Toti Iglesias. Por qué lo nombré no lo sé, o tal vez sí, cuando era pibe tenía un video de Boca campeón de oro, una de esas copas que se jugaban en verano en Mar del Plata. Era del año ochenta y seis, ochenta y siete, por ahí. En Boca jugaban el chino Tapia, Graciani, Comas, que metió un gol olímpico. Me acuerdo que lo miraba todos los días al video. Bueno, en esos partidos para Racing jugaba el Toti Iglesias, que nos vacunó un par de veces y a mi me quedó grabado.  Me parecía gracioso el nombre, sobre todo cuando el relator le decía  “Totigol”, me encantaba cuando lo llamaba así y a veces, cuando jugábamos al fútbol en el barrio con mis amigos yo me hacía llamar así, “Totigol”…

Sí, disculpame, no quiero ser denso, pero estos detalles que te cuento son cruciales para que entiendas lo de las coincidencias que te hablaba antes.

Entonces… yo dije que mi ídolo era el Toti Iglesias y Sofía empezó a llorar a moco tendido, como decía mi abuela. Otra vez me quedé pasmado.

Resulta que el Totigol era el ídolo de su padre, por ende, era también su ídolo. El primer jugador al que ella había visto meter un gol en vivo en la cancha de Racing. Y traer a colación al Toti le hizo recordar a su viejo, que había muerto un mes atrás. ¡Increíble!. ¿Ahora entendés lo del sincro destino? De miles de jugadores que yo podría haber nombrado, elegí el más importante para Sofía, y en el momento más sensible de su vida. ¿Cuántas veces puede pasar algo así en la vida? Muy pocas, y uno no puede dejar pasar esa oportunidad.

 Además, ¿qué más podía pedir en una mujer? Linda, o mejor dicho, atractiva, sencilla, sensible, y encima futbolera. Te repito, la madre de mis hijos, esa era mi sensación. Claro… faltaba un detalle nada menor,  descubrir si ella quería que yo sea el padre de sus futuros hijos o, en primer lugar, si estaba disponible para iniciar una relación.

De nuevo las coincidencias. Estaba sola y se había peleado con un hombre después de cinco años de noviazgo, igual que yo. Con la diferencia, obviamente, de que mi ruptura había sido con una mujer. Te aclaro, por las dudas.

Quedamos en encontrarnos a la noche en un bar. Así charlábamos más relajados, tomando unas copas.

¿Sabés lo que estaba estudiando ella?

 Periodismo deportivo, quería ser relatora de futbol y no iba a parar hasta conseguirlo, estaba obsesionada con ser la primera mujer en relatar partidos de la primera división.  Ojo, me lo decía con pasión pero también con algo de bronca. Para ella el ambiente del futbol seguía siendo machista. ¿Alguna vez viste o escuchaste a una mujer relatando un partido para algún canal importante de televisión o para alguna emisora radial?
No, jamás, tenía razón Sofía cuando se encabronaba.

Su sueño era relatar algún gol de Racing contra Independiente. Yo le dije que mi abuelo seguramente lo había hecho porque fue relator de fútbol para una radio importante. No sabés cómo se le pusieron los ojitos cuando le conté esto. Porque no es mentira, mi abuelo trabajó muchísimo tiempo relatando partidos para una radio, es más, cuando se jubiló lo siguió haciendo por placer, sin cobrar un peso. Tuvo que dejar de hacerlo un poco porque la garganta dejó de funcionarle y otro poco por la televisión. Cuando empezaron a pasar los partidos por la tv algunos programas de radio que transmitían fútbol simplemente dejaron de existir.
Ves, mi abuelo también odiaba a la televisión. Se ve que es algo hereditario…

Bueno te la hago corta, desde esa noche no nos separamos más.

Siempre digo que estar enamorado es como estar bajo los efectos del Lexotanil. Porque yo en ese momento andaba con miles de quilombos, pero el hecho de saber que a la noche me encontraría con Sofía hacía que los problemas fueran nimiedades...

Además, si el destino me había obsequiado a Sofía, estaba bien que tuviese problemas en otros ámbitos de la vida. No se puede tener todo, pensaba, y me tomaba las cosas con calma. 

No te das una idea lo lindo que es estar con una mina que te gusta y que no te rompe las pelotas porque te quedas embobado mirando un partido de fútbol por televisión. Hasta recuerdo un domingo en que fue ella la que me pidió que me callara porque quería ver el resumen del partido de Racing que hacían en Paso a Paso, su programa favorito, que “casualmente” es también mí programa de cabecera.

¡Y la voz de Sofía! Me volvía loco cada vez que hablaba. Vos no me conoces bien porque hace poco que te sumaste a la barra, pero yo siempre me fijo en la voz y en la forma de hablar de una mujer. Para mí es un detalle fundamental. Yo odio esa voz irritante, ese sonido estridente que tienen algunas mujeres, o esa especie de cotorreo incesante. Pero Sofía hablaba pausado, sensual, y encima con voz de locutora. FM Sofía,  así le decía yo cariñosamente en la intimidad.

Obviamente me di cuenta que tenía un problema grande a resolver. Soy hincha de Boca y por lo poco que la conocía ya me había dado cuenta  que si le contaba la verdad corría el riesgo de que se termine nuestra relación. Entonces decidí esconder mi sentimiento futbolero. En algún momento se lo tendría que decir, pero iba a esperar a que pasara mucho tiempo. Este detalle fue el que hizo que mis amigos comenzaran a cargarme. Porque les tuve que advertir que había cambiado de equipo momentáneamente. No sabes cómo me verduguearon. Igual a mí no me importaba, estaban envidiosos por mi relación con Sofía, y aunque no me lo creas empecé a sentir cierto cariño por Racing.  En definitiva yo me hice hincha de Boca después de observar la pasión de mi viejo por esos colores.

Esa es la verdad, cuando uno es pibe no tiene una dimensión exacta de todos los argumentos que te da tu padre o algún tío para hacerte hincha de un club. Yo recuerdo que mi viejo me contaba hazañas de Marzolini, partidos remontados milagrosamente, o la exageración con que me narraba sobre el movimiento de la bombonera cuando la gente salta, pero lo que me hizo seguirlo en su amor por Boca fue la forma en que lo veía sufrir ante cada gol rival o la alegría que irradiaba después de una victoria boquense. Esa es la pura verdad, todos los datos históricos y las hazañas grandilocuentes no tienen importancia para un chico de cinco años.

Entonces, si uno comprende esto, no es tan difícil aceptar que yo comenzara a sentir cierto aprecio por la camiseta que amaba mi novia.
Por supuesto, ninguno de los pelotudos de la mesa aceptaba estos argumentos, decían que yo me había vendido por sexo y todas cosas por el estilo…

 Te digo más, la primera vez que acompañé a Sofía a la cancha de Racing me pasó algo increíble, de repente me encontré puteando a los delanteros que esa tarde erraron goles imposibles. Racing era una murga ese año, te estoy hablando del Racing que se fue a la promoción, no sé si te acordás.

Me daba bronca que Sofía sufra por culpa de esa manga de muertos...

Otra cosa que disfrutaba era cuando la traía al bar para hablar de fútbol.
No sabés la cara de los muchachos cuando la traje por primera vez. Porque Sofía era un libro abierto, era capaz de recordar la formación completa de deportivo Riestra. El infeliz del pitufo Pereira una tarde por poco deschaba que yo era hincha de Boca frente a ella, porque se notaba que tenía una envidia pavorosa, le daba bronca que yo esté con una mujer así.

Bueno, la cuestión es que todo marchaba fenómeno. Estábamos muy bien juntos, todavía no convivíamos pero era algo que ya estaba por ocurrir. Yo la acompañaba a ver a Racing a todos lados. Eso se lo había prometido desde la primera noche en que estuvimos juntos. En realidad le había dicho que no iba más a la cancha porque me ponía muy nervioso, pero que por ella iba a hacer una excepción. Así que yo ponía el auto para ir a cualquier lugar en que jugara la academia y ella conseguía las entradas.

Al final llegó el partido decisivo que Racing tenía que jugar con Colon en Santa Fe. No sé si te acordás de lo que te cuento pero por las dudas te recuerdo que Racing tenía que ganarle a Colon o sino corría el riesgo de caer en promoción.

Me acuerdo que llegamos a Santa Fe con lo justo, porque nos atrasamos en salir. Sofi estaba nerviosísima  y yo estaba de mal humor.

En realidad, ahora que lo pienso, no tenía ganas de vivir esa experiencia traumática. Estaba un poco cansado de ese sufrimiento constante que era ser hincha de Racing ese año. Si hubiese podido me habría quedado en Buenos Aires. Prefería estar en casa acostado, mirando una película o cualquier cosa. Pero no podía dejar en banda a Sofía en un partido tan decisivo como ese.

En un momento le pedí que se calmara, porque la veía desencajada, gritando como una loca, había perdido casi la voz. No quedaban rastros de esa voz de locutora, parecía una de esas madres que van a la cancha a putear a los pibes que juegan frente a sus hijos. Mi mal humor ya comenzaba a ser insostenible y ella en vez de calmarse me reprochó mi falta de sentimiento. Porque yo estaba sentado y no había emitido palabra, salvo para pedirle que se calamara. Me lo dijo de una manera agresiva y haciendo gestos como si fuese un barra brava que instiga a uno de sus subordinados…

Me hinché las bolas. Casi le digo la verdad ahí mismo. Por suerte lo pensé mejor, estaba en medio de miles de fanáticos de la academia que eran como fieras enjauladas y que venían acumulando bronca  domingo tras domingo, y decir que era hincha de Boca no hubiese sido lo más aconsejable en ese lugar. Por eso sólo atiné a defenderme argumentando que mi falta de aliento se debía a dolores de cabeza. No pude evitar agregar con un tono bien sobrador que el dolor de cabeza se debía a lo horrible que jugaba el equipo. Y ahí ocurrió algo que sería determinante para entender mi reacción del final del partido.  Porque varios hinchas de Racing, que habían escuchado nuestra breve discusión, coincidieron con los retos de Sofía sobre mi falta de apoyo al equipo. Y para peor, un pendejo, de no más de quince años, tuvo la osadía de gritarme “pareces hincha de Boca pecho frío”.

Esa fue la gota que rebalsó el vaso. Me ofendí. Tuve un repentino ataque de patriotismo boquense, me sentí herido en mi orgullo. Después de todo había pasado meses haciendo fuerza para que esos matungos lograran hilvanar alguna jugada como la gente como para que un pendejo venga a criticar a boquita. Así que de ahí en más ante cada ataque de Colon rogaba, en mi fuero interno, porque se concrete el gol que terminara de hundir a Racing.

Y finalmente sucedió. Rivarola puso el uno a cero antes de que se termine el partido y Racing tuvo que ir a jugar la promoción con Belgrano.  

El viaje de regreso fue un velorio. Yo seguía de mal humor por todo lo que había vivido, y Sofía casi ni habló de lo angustiada que estaba por el resultado del partido.

Cuando llegamos a Buenos aires y fuimos a mi casa, recién ahí Sofía me pidió perdón por su actitud en la cancha. Yo la perdoné en el acto. Porque después de todo era entendible su reacción, y además sabía que de alguna manera estaba en falta.  Me di cuenta que no iba a poder ocultar mucho tiempo más que le había mentido. Tenía que decirle que era hincha de Boca. Me hice la promesa de contarle la verdad cuando Racing termine de jugar la promoción. Pensé que iba a ser mejor esperar hasta que pase el mal trago de esos dos partidos, aunque ya había programado en mi cabeza las excusas que pondría para no acompañarla a la cancha.

Después de comer algo nos fuimos a la cama, hicimos el amor y aunque Sofía no lograba desconectarse de las incidencias del partido de a poco fui consiguiendo desviar la conversación hacia otras cosas.

Pero fue ahí, en la cama, que mientras hablábamos de otra cosa a Sofía se le ocurrió prender el televisor para ver las imágenes del partido en Santa Fe. Yo insistí en dejar la radio. Porque estábamos escuchando buena música de fondo, y no quería que el televisor cortara ese clima tranquilo y de conversación distendida que teníamos, pero no hubo forma de convencerla, quería ver las imágenes y no tuve otra opción más que prender el televisor y poner en un canal deportivo. Como era de suponer, ni bien pasaban las imágenes del partido Sofía dejó de hablarme y se concentró las jugadas. No pasó mucho tiempo cuando el compilado del partido mostró el gol de Rivarola y automáticamente las cámaras se posaron sobre los rostros de los hinchas de Racing en el cementerio de los elefantes.

Y se produjo la catástrofe.

Lo que yo llamo la morbosidad de la televisión. Lo que más odio de la caja boba. ¿Qué necesidad había de mostrar esos rostros de velorio de los hinchas de Racing? ¿Cuál es el fundamento de dejar en evidencia para toda la eternidad el sufrimiento atroz de algún hincha en ese momento angustiante? Y no me vengan con el cuento del puto rating, o esa maldita frase de “mostrar la realidad”, porque no hace falta tener mucha imaginación para saber cuál es la realidad de un hincha ante un gol que te manda derechito a jugar la promoción.  Pero a los turros que hacen televisión no les importa una mierda este razonamiento. ¿Hicieron primer plano de algún hincha de Colon festejando el gol de Rivarola? Claro que no, esa realidad no les importa. Prefieren hacer foco en la desgracia, en la amargura de la derrota.

Entonces…como te dije, ahí sobrevino la catástrofe. Fueron apenas unos segundos de filmación, pero fueron contundentes. Ahí estaba Sofía, no había dudas de que era ella en el televisor, en primer plano, llorando desgarradoramente, con sus manos detrás de la nuca. Y al lado de ella un tipo con una sonrisa maliciosa, una sonrisa que no encajaba en la escena, que no podía ser de ninguna manera la de un hincha que se estaba por ir al descenso. Parecía alguien que saboreaba el momento, porque de verdad disfruté ese instante,  y aunque desesperado intenté pedirle perdón a Sofía por ese gesto patético, desleal, egoísta, nada haría cambiar esa imagen desgarradora que dejaba en evidencia mi falta de sentimiento por Racing y que repetirían hasta el cansancio en los días posteriores en todos los canales de televisión donde pasaban el resumen del partido. Y sobre todo, nada haría cambiar su inclaudicable decisión de no ser jamás la mujer de un hincha de Boca, ni mucho menos, la madre de mis hijos.

1 comentario:

bruno barbagelata dijo...

Matias

Muy buen relato, no se cuanto tendra de fantasia y cuanto de realidad, aunque te confieso que me crei todo (hasta busque en youtube si encontraba esa ultima imagen de tu maliciosidad entre los hinchas de racing, pero no tuve exito)

Soy un estudiante de actuacion (o un actor en sus primeros pasos) y lo descubri de grande (cuando digo grande quiero decir a los 29 años, hoy tengo 31). Llegue a este blog gracias a Sobre Terapia (o Bajo Terapia para la version comercial) ya que siempre me interesa saber quien es el autor detras del exito de una obra. Y la magia de googlear a alguien me trajo hasta tu blog.

Todavia tengo cosas tuyas por descubrir, no he leido casi nada de tu blog, pero sin dudas lo hare. Me atrapo la forma de contar tu "ficcion" con Sofia, te felicito. Por eso dan ganas de descubrir mas cosas.

Soy de Mar del Plata, pero la vida me trajo a eeuu, y tu obra tambien la estan presentando aca (en Miami). Pero todavia no la vi porque no me gusta mucho la seleccion de actores, y no quiero contaminar el texto con la forma de actuar de estos. Me gustaria leerla, la tengo que buscar.

Bueno, nada mas, solo eso. Senti escribirte.