Matias

Matias

PERSONAJES


                                       ESCRITOR ENCASILLADO  

 
Como todas las tardes, el escritor Gabriel Razzoti se encontraba dispuesto a leer el diario en la misma mesa del bar al que concurría asiduamente y con absoluta fidelidad por más de cuatro años. Llevaba un sombrero de paja y un bigote postizo con la intención de pasar desapercibido. En realidad valdría aclarar que su atuendo sólo le servía para no ser reconocido, porque pasar desapercibido con ese sombrero resultaba imposible.

La publicación de su última novela lo había colocado nuevamente en el centro de la escena literaria, por lo tanto temía ser reconocido por alguno de sus lectores.

Apurado por leer la crítica de su flamante novela, buscó la sección de espectáculos. Fue en ese momento cuando la risa de una mujer, sentada a unas pocas mesas de distancia, le llamó la atención. Quedó hipnotizado con las carcajadas y los ademanes de la muchacha que leía un libro. ¿Qué estaría leyendo?

Desde donde estaba sentado, Razzoti sólo veía el libro abierto, no alcanzaba a ver la tapa para averiguar el nombre del colega al que la muchacha le regalaba las más espontaneas y efusivas carcajadas.

El escritor decidió probar un argumento de uno de sus cuentos para sacarse la duda. Arrojó al piso una cuchara, midiendo fuerza y precisión, como para que la cuchara quedara ubicada en una posición cercana a la mesa de la muchacha…

¡Lo consiguió!

Cuando se levantó de la mesa para culminar con su estrategia, un hombre, vecino de la mesa de la rubia, levantó la cucharita y se la alcanzó. La escena no funcionó como en su cuento. Ahora tendría que imaginar otra situación. Mientras pensaba, tuvo la solución en frente de sus narices.

-¿Qué vas a tomar Sherlock Holme? – Al mozo no podía engañarlo. Hacía cuatro años que lo atendía, y ya conocía cada uno de los vestuarios que usaba el escritor.

- Nada por ahora. Tenés que hacerme un favor. Fijate qué libro está leyendo la mina de allá. –Razzoti hablaba bajito y señalaba con la cabeza hacia la mesa de la rubia.

El mozo sonrió y le fue a preguntar a la muchacha si necesitaba algo. Recibió la negativa de la lectora y al pasar por la mesa de Razzoti le dijo disimuladamente:

-Te está leyendo a vos. Es tu última novela. Y es muy chica. Ojo lo que hacés. – Se retiró con la bandeja vacía y con otra sonrisa pícara.

¡¿La rubia leía su flamante novela?! No podía ser. De repente el escritor sintió un malestar en su cuerpo.

La risa de la lectora era estridente y sobre el final de su expresión realizaba unos ronquidos entrecortados, parecidos a un chancho. Gabriel, después de constatar que efectivamente era su nueva novela la que causaba esas carcajadas, arañaba nervioso la mesa.

En un momento no aguantó más y se dirigió para la mesa de la rubia.

- Disculpame, ¿me puedo sentar? Yo también estoy leyendo esa novela y me gustaría hacerte una pregunta. – Dijo haciendo fuerzas para ser amable y rogando no ser reconocido.

- Sí. Sentate. – Dijo la mujer despreocupada y sin mirarlo – ¿por qué capitulo vas?

- Ya la estoy por terminar…

La rubia largó una carcajada interminable. Gabriel apretó los puños nerviosamente, a pesar de que en cierto modo tuvo que reconocer que había algo atractivo en la forma de reírse de la adolescente, ahora que la veía de cerca notó que no debía superar los diecinueve o veinte años. Pudo estudiarla en esos segundos que duró su risa, y de alguna manera envidio su desfachatez, la poca importancia por lo que puedan pensar los demás, para él era tan difícil actuar de manera natural fuera de su soledad, tal vez por este motivo siempre sentía simpatía por las personas como ella.

- No entiendo qué es lo que te causa tanta gracia – dijo Gabriel tratando de ocultar su enojo.

- ¿No dijiste que la estabas por terminar de leer?

- Sí. Por eso te pregunto. Si te fijás en la tapa del libro dice claramente, novela dramática.

- No, no entendes, seguro que nunca leíste nada de este escritor.

 Gabriel quedo unos segundos desconcertado, no esperaba esa respuesta.

- Eso no cambia el hecho de que sea una escritura dramática, no para reírse.

- El título de novela dramática es otro de sus chistes. Te explico… –La rubia colocó un sobrecito de azúcar sobre la hoja que estaba leyendo y miró al escritor. –  Razzoti es humorista. Para mí es el mejor de todos en su estilo, si te interesa te puedo recomendar algunos libros de él que te van a encantar. Es genial como intenta hacerte creer que está escribiendo algo profundo, dramático, pero que en realidad no es más que la comedia que escribe siempre. Es muy gracioso, ¡muy gracioso!... Por ejemplo, en el capítulo dos, cuando el personaje principal descubre que su novia tiene una enfermedad terminal, ¿te acordas?

- Sí, ¿qué pasa con eso?

- Bueno, ahí está en manifiesto la capacidad de su humor. Viste que en todo momento de la conversación entre el personaje principal y la novia parece haber como un ambiente de desconsuelo, hasta que él la hace reír, caminando por toda la habitación, imitando a Chaplin, y diciendo frases cómicas, lo que muestra que toda esa escena era para mostrar que aun en los momentos más oscuros la risa es necesaria…

- Sí… Bueno… Pero… – Gabriel se rascaba nervioso la cabeza, buscando la manera de explicar esa escena. –  En realidad no creo que el escritor haya querido mostrar eso, si no que el personaje hizo ese acto porque su novia se lo pidió, para de alguna manera poder llevarse un último recuerdo de eso que tanto le gustaba a ella. Además, fijate que en el ultimo párrafo de ese capitulo hay una frase poética que expresa claramente el dramatismo de ese momento para el personaje principal, que sabe que pierde a su amada.

La rubia lanzó otra carcajada y Gabriel se retorció de la bronca.

- Sí, muy cómico, ¡muy cómico!

- ¡¿Qué es lo cómico?!

- Eso, cuando le dice a su novia: sabes que nunca fui celoso, pero desde hoy celare eternamente a la muerte, porque me lleva a lo que mas quiero.

¡Muy bueno! ¡Me morí de la risa!

- ¿Me estas jodiendo? ¡No entiendo qué le ves de gracioso a eso! – Gabriel sintió un deseo irrefrenable de estrellar la cabeza de la rubia contra la mesa.

- Vos no entendes porque no captás el humor. – La rubia quitó el sobre de azúcar y comenzó a pasar las hojas, como buscando algo específico.

-¿Cómo?

- Acá hay otro caso… – Dijo señalando la primera página del capítulo cinco. – El personaje principal visita a su madre que sufre de alzhéimer, es muy cómica la situación.

-¡Disculpame pero ahí no hay ningún chiste! –Saltó  el escritor inmediatamente. No iba a dejar que la rubia le banalice también ese capítulo que Razzoti consideraba esencial dentro del drama.

- ¡No entendés nada! –Dijo la rubia y parecía enojada. – Yo me sentí muy identificada con esta escena porque mi abuela también tiene esa enfermedad. Para mi funcionó como catarsis, pude reírme mientras leía de algo que en la vida real me causa mucha tristeza y eso es lo que hace un buen humorista, te ayuda a tomarte la vida con más liviandad, ¿entendes?

Gabriel Razzoti recibió un impacto que no tenía previsto. Se encontraba contrariado. No podía cometer la torpeza de refutarle la escena de su libro a una lectora que, supuestamente, la había ayudado a alivianar una angustia cotidiana. ¿No es acaso un buen fundamento para escribir? Pero la angustia del escritor estaba radicada en que seguía sintiendo el malestar porque sus palabras estaban siendo mal interpretadas. De esa manera su novela podía transformarse en otra cosa de la que pensó. ¿Y eso es bueno o malo?

- ¿No se te ocurrió pensar que a lo mejor el autor intento escribir de verdad una novela dramática y no algo humorístico como lo que suele escribir?

- No. Porque además suponiendo que haya querido hacer eso, no lo conseguiría, se nota que Razzoti lleva en la sangre el humor, así que no veo la razón para cambiar de estilo. Sería como una traición para las personas que lo leemos.

- Bueno, a lo mejor el escritor no quiere encasillarse en un estilo…

-Ay, eso es una pavada. Yo no sé porque los escritores reniegan de sus raíces ¿Cuál es el problema si uno tiene la capacidad para escribir comedias y no otra cosa?

- No es que renieguen de sus raíces… Pero… ¿A vos nunca te pasó estar cansada de hacer siempre lo mismo?

- Con las cosas que me gustan nunca me pasó. ¿Y si a un escritor le gusta escribir comedia por qué se va a cansar?

- Bueno pero tenés que entender que a lo mejor un humorista siente el deseo de abordar algo más profundo…

- Mirá, si quiero leer algo más profundo leo a Borges. A mí me gusta Razzoti porque me hace reír, desconectarme por un rato de las complicaciones cotidianas, ¿qué tiene de malo?

-Nada, pero…  – Razzoti observaba la firmeza con la que se expresaba la muchacha y sentía que se estaba quedando sin argumentos. No hay nada más drástico para un escritor que quedarse sin argumentos, pensó internamente y trató de memorizar esa frase que le podría servir para incluirla en algún relato. – Tampoco creo que sea una traición que un escritor intente cambiar su estilo de narración.

-Vos podes pensar lo que quieras, pero para mí estas equivocado.  Esta es una comedia que finge ser drama, por eso digo que es su obra maestra, sólo unos pocos privilegiados entendemos la sutileza de su humor. – La rubia hizo un gesto irónico, dándose aires de entendedora de literatura. Razzoti ya no tuvo fuerzas para seguir debatiendo.

-Está bien, a lo mejor tenés razón, quizás debería volver a leer el libro para ver si lo entiendo –Retrucó con ironía el escritor. 

-Mirá, te puedo asegurar que si Gabriel Razzoti estaría acá, coincidiría conmigo.

Razzoti no pudo evitar reírse con ganas. No podía creer estar pasando por esta situación. La rubia tomó su risa como una ofensa.

-Disculapame, pero prefiero que vuelvas a tu mesa.

- Sí, por supuesto. No te molestó más, buenas tardes.

-Buenas tardes – contestó la rubia. Después guardó el libro en la cartera y se marchó del bar.

Gabriel Razzoti la observó salir. Había sido una charla extraña.  Por un lado se acababa de confirmar el temor que tenía el escritor a no ser tomado en serio en este nuevo proyecto literario. Pero también le había dado algo de gusto sentir que su novela ayudaba a una joven a pasar un rato agradable con la lectura. 
Abrió el diario y al llegar a la sección de espectáculos le bastó con leer el título de la crítica de su libro para volver a cerrarlo con bronca. Decía: “Desopilante, un drama para reírse” ¡Definitivamente no era eso lo que quería expresar con la novela!

Malhumorado, y sin tomar nada, salió del bar. No alcanzó a caminar media cuadra cuando un hombre se le acercó y lo reconoció:

- Leí tu novela, buenísima, ¡como nos haces reír maestro!

Gabriel razzoti no tuvo ni fuerzas para contestarle. Simplemente agradeció el supuesto elogio y al llegar a su casa comenzó a escribir un cuento parecido a éste.

 

   

 

1 comentario:

Corpax Hosting dijo...

Es genial este escrito Matias!! Muy bueno! Y cuanta verdad contiene! No se pueden controlar las distintas miradas! Brillante!! Nos pasa a menudo! Abrazo!!
Walter Deleón