Matias

Matias

PERSONAJES

                                          
 
                             SOBREMESA ARGENTINA
 
- Che Colorado, ¿para cuándo el casamiento? – dijo Lucas, mirando a Franco de manera cómplice.
- No sé, ya no depende de mí – dijo el Colo, con una naturalidad que sorprendió a Elisa, su novia.
- Ja ja, mirá la cara que puso – dijo Lucas al observar la expresión en el rostro de Elisa.
- ¿Qué ponés esa cara? – le dijo el Colo a su novia –. Si la que no querés sos vos.
Elisa sonrió algo incomoda, y era entendible. Ella era la nueva en el grupo compuesto por los compañeros de trabajo del Colo y todas sus mujeres, que ya hacía varios años que compartían estos encuentros de fin de año en la casa de Lucas y Gabriela.
- Disculpame, pero nunca me preguntaste nada – dijo Elisa, mirando al Colo con esa expresión que en apariencia parece ser inofensiva, pero que en realidad esconde un sentimiento aterrador, fulminante, como sólo las mujeres saben concebir con efectividad.
- ¿Cómo que no? ¿Y para qué tomé la confirmación? ¿Por qué crees que fui a catequesis durante dos meses? ¿Para qué tuve que soportar al pelotudo del cura? Lo hice para casarme con vos – dijo el Colo, ofuscado.
- Qué hermosa manera de pedirle casamiento a una mujer, qué romántico que sos Colorado – dijo Gabriela, la mujer de Lucas, con todo el sarcasmo que era capaz de desplegar.
- No me digas que recién ahora te confirmaste – dijo Franco, sorprendido.
- Sí, en mi familia no somos muy religiosos. Lo hice para poder casarme nada más, porque si no, no te aceptan.
- Bueno, tenés que reconocer que el tipo tiene predisposición – le dijo Lucas a Elisa, que esbozó una sonrisa de compromiso.
- Sabés lo que tuve que sufrir escuchando al hipócrita del cura, que daba sermones sobre cómo hay que actuar en la vida. ¡Qué caradura, por favor! – dijo el Colo, juntando las dos manos y mordiéndose los labios.
-¿Por qué decís eso? – dijo Isabel, la mujer de Franco.
-¿Cómo por qué? ¿No te enteraste que anduvo acosando a unos pibes?
- ¡No, no sabía nada! – se asombró Isabel.
- Bueno, convengamos que no sería nada sorprendente, y no sería la primera vez que pasa algo así con un cura – dijo Lucas.
- Es cierto, pero tampoco por eso se puede afirmar que todos los curas son iguales – dijo Isabel.
- Sí, todos están cortados por la misma tijera – dijo Néstor, que ya iba por el noveno Fernet –. El que no es puto, se encama con alguna mujer devota de la iglesia, es así.
- ¡Sos un animal! – Protestó Andrea, su mujer.
- ¿Por qué? Si es la verdad – insistió Néstor.
- Ahí estoy con vos – dijo Lucas levantándole el pulgar, a pesar que solía no estar de acuerdo con Néstor en casi nada.
- ¡Es así, viejo! – siguió Néstor con la confianza que le da a un hombre cuando se siente apoyado. – Y ojo que el problema no es de ellos, si no de esa estúpida tradición religiosa que los obliga a mantenerse célibes, en castidad.
- No es sólo una tradición, es la fe y el camino que ellos eligieron para sus vidas – acotó Andrea.
- ¡Pavadas, son todas pavadas! Cuando tenes ganas de tener sexo, no lo podes frenar con nada – dijo Néstor, categórico y convencido de que esa era la verdad.
- ¡Decímelo a mí! Cuando ésta quiere tener sexo no hay forma de que zafe, por más que esté cansado, o no tenga ganas, ella siempre se las ingenia para tenerlo – dijo el Colo y Elisa se ruborizó. Otra vez todas las miradas estaban sobre ella. Definitivamente al Colo, cuando estuviera a solas con Elisa, le esperaba un sermón mucho más sufrible que el que había padecido ante el cura.
- Lo que pasa es que es algo natural, por algo Dios nos dio el sexo, y por más que alguien profese sus palabras sigue siendo humano. Y los humanos suelen tener ganas de coger – dijo Lucas sonriendo y haciendo señas obscenas con el dedo índice de una mano entrando y saliendo del círculo imaginario formado por el índice y el pulgar de la otra.
- No, porque ellos eligieron el camino de seguirlo – dijo Andrea –, y por eso deben respetar lo que estipula la religión, en teoría ellos…
- No me hablés de teorías, no creo en las teorías, hablame de prácticas –  dijo Lucas –. Y en lo que respecta a las actitudes de muchos sacerdotes, en algunas ocasiones suelen ser prácticas que dejan bastante que desear –sentenció.
- Bueno pero no todos son así – dijo Andrea defendiendo sus creencias –los sacerdotes que yo conozco son personas muy sensibles y con las que da gusto hablar.
- Está bien, pero no podés dejar de reconocer que a lo largo la historia de la iglesia se han cometido atrocidades que no se pueden defender ni justificar – dijo franco sumándose a las críticas de Lucas.
- ¿Vos que harías si te enterás que un cura abusó de tu hijo? – le preguntó Lucas a Andrea.
- No sé qué haría, porque lo que me preguntás es algo que no me pasó. Así que no sé cómo reaccionaria en una circunstancia así – dijo Andrea.
- Exacto, sos un vivo bárbaro vos, no creés en las teorías, pero hacés una pregunta teórica – le dijo Gabriela a Lucas, su marido.
- A mi me gustaría que todos lo curas que cometan estos abusos, ¡sean ejecutados con un tiro en la cabeza! – dijo Néstor, contundente.
- ¡Es un animal! – dijo Andrea resignada.
- Ahí estoy con vos de nuevo, pena de muerte a los curas abusadores – dijo Lucas.
- No, pena de muerte no, porque implicaría un juicio y toda esa perorata, yo quiero una ejecución sin tantas vueltas. ¡Un tiro en la cabeza! – dijo Néstor inconmovible en su idea.
- ¡Ay, Dios mío! ¡No seas ignorante! Hay algo que se llama ley y otra cosa que se llama Constitución Nacional. En todo caso, la que va a decidir el castigo es la justicia, tus ideas fascistas no cuentan – dijo Andrea elevando un poco el tono de voz.
- ¡Tus leyes ya sabés donde te las podés meter! – dijo Néstor, despectivo.  
- No seas bruto Néstor, Andrea tiene razón – dijo Isabel, acoplándose al pensamiento de Andrea.  
- ¡Ah, claro! ¿A ustedes le parece justo que un cura abuse de un pibe y todo siga como si nada?
- No, no es justo, pero si se comprueba el hecho de abuso sexual hay leyes vigentes para que el cura o cualquier otra persona que los cometa vaya a la cárcel, que es donde tienen que estar – dijo Andrea con fastidio, intentando hacer entrar en razón a Néstor.
- Bueno, para mí la persona que cometa un abuso o haga algo de esa magnitud tiene que morir, para mí eso es lo justo. ¡Un tiro en la cabeza! – dijo Néstor empecinado.
- No, lo que no entendés es que eso no es justo, lo que vos pretendés se asemeja más a la venganza que a la justicia – dijo Isabel, visiblemente enojada ante la obstinación de Néstor.
- Además, como dije, el sexo es algo natural – dijo Lucas para desviar la conversación que ya parecía entrar en terrenos de discusión desbordada – no se lo puede ignorar, es algo fisiológico. Qué tendría de malo que un sacerdote profese la palabra de Dios, pero además pueda formar una familia.
- Creo que en la religión Protestante, los sacerdotes pueden casarse y tener hijos – dijo Elisa animándose a participar de la conversación.
- ¡Ahí está! ¿Ves? Eso tiene más lógica, es más natural – dijo Lucas.
- Hay que ver qué entendés vos por natural –dijo Gabriela –. Por ejemplo, para mí también es natural y no tiene nada de malo que dos personas del mismos sexo se quieran, tengan relaciones y vivan juntas – le guiñó un ojo a Isabel, como si intuyera que esas palabras irritarían a su marido.
- ¡No, no, pará, no digas boludeces! – Saltó Lucas, al instante –. Hombre y mujer, eso es lo natural, lo otro es anormal.
- ¡Ay, por favor! ¡No podes ser tan cerrado! – dijo Gabriela.
- ¿Por qué cerrado? Y no me vengas como siempre con eso de la modernidad, que son otros tiempos y todas esas estupideces, el hombre tiene que estar con la mujer y punto. Ojo, a mi no me importa si dos tipos tienen sexo, por mí pueden hacer lo que se les ocurra, pero que no me quieran hacer creer que eso es natural. Digan lo que digan para mí la homosexualidad es una enfermedad.
- ¡No digas pavadas, Lucas Manuel! – dijo Gabriela, que sólo llamaba por el nombre completo a su marido cuando estaba enojada.
- Sí, por favor, que lo de mi marido no resulte contagioso – dijo Andrea, despectiva, señalando a Néstor y arrugando las facciones.
- Bueno a ver: ¿Qué es? Decíme, ya que la tenés tan clara y sos tan abierta… ¡Explicame por qué una persona se siente atraída por otra del mismo sexo! – dijo Lucas, mirando desafiante a Gabriela.
- ¿Qué querés que te diga? A mí me encanta ver sexo entre dos mujeres – le dijo el Colo por lo bajo a Franco. Elisa escuchó y siguió acumulando bronca con los comentarios desafortunados de su novio.
- ¡Ah qué pícaro que sos! Qué sé yo, a mí no me pasa, no sé cuál será la razón, pero lo cierto es que hay personas que se sienten atraídas por otra del mismo sexo. ¿Qué tiene de malo?
- ¡Nada, pero ¿ves que vos tampoco sabés por qué les pasa eso? Así que tranquilamente podría ser algún defecto en su cabeza, o algún síntoma que los haga actuar de esa manera anormal – dijo Lucas convencido de su punto de vista – A vos que te gusta llevar todo al terreno psicológico, por ahí podría curarse con algún tratamiento psicoanalítico.
- ¿Querés que te diga qué haría yo con los putos? ¡Un tiro en la cabeza! – dijo Néstor y se empinó lo que le quedaba de Fernet.
- ¡Vos todo lo solucionás así! ¡Qué idiota que sos! – dijo Andrea, que acrecentaba su enojo cada vez que hablaba su marido.
- No, pará, tampoco seas tan extremista Néstor, lo que habría que hacer es apartarlos de la sociedad normal, llevarlos a algún lugar alejado hasta que se curen – dijo el Colo, sumándose a la opinión discriminatoria masculina.
-¡Vos mejor callate! – le respondió Elisa, elevando la voz por primera vez en la noche.
- Bien Colo, muy buena idea – dijo Néstor, aplaudiendo aparatosamente aunque algo descoordinado, debido al efecto del exceso de Fernet, que ya se estaba haciendo notorio –. Hay que formar un Centro de Concentración Gay.
- Dejá de decir boludeces, y dejá de chupar – le dijo Andrea a Néstor, quien en una actitud desafiante se sirvió otro Fernet y siguió hablando.
- Te digo más, si algún día llego a ver a unos putitos a los besos en la ventana de mi casa y tengo un revólver a mano, les pego un tiro en la cabeza – dijo Néstor simulando tener un arma con su mano izquierda.
- ¿Y qué pasa si un día tenés el revólver en la mano, viene tu hijo y te dice que es homosexual? – dijo Isabel, metiendo cizaña.
Néstor acusó el impacto. No tenía prevista una pregunta de ese calibre y su revolver virtual se desdibujó en el aire. Hubo un silencio general en la mesa, aguardando la respuesta de Néstor que se notaba dubitativo. Era evidente que se encontraba acorralado. Pensó acerca de la pregunta y comprendió que no tenía otra opción más que reconocer que su opinión extremista era desacertada, pero prevaleció lo que suele pasar en la mayoría de las discusiones, “defender nuestra posición por encima de cualquier razón”.
- ¡Le pego un tiro igual! – dijo Néstor, y se ganó el premio a la necedad de los integrantes la mesa.
Todos rieron y hablaron al mismo tiempo, estaba claro que nadie tomaba en serio las palabras de Néstor. Lucas se dirigió al baño y mientras todos hablaban con todos, Franco le dijo por lo bajo a Néstor:
- Te la pusieron, no te esperabas una pregunta así, ¿eh?
Néstor puso cara de no importarle y alivió el momento incómodo tomándose un trago considerable de Fernet.
- Lo que no me quedó claro es por qué pensás que dos homosexuales van a ir a besarse en tu ventana – Isabel volvió a la carga contra Néstor, aunque de manera más sutil y hasta divertida.
- Bueno, es un decir nomás, pero con sólo imaginarlos dándose besitos me da una bronca terrible, los agarraría del cuello y… – Néstor estiró los brazos y con sus dos manos sobre el cuello del Colo dio una suave zamarreada.
- No sé, dicen que el que odia demasiado por ahí tiene un sentimiento reprimido – dijo Andrea, irónicamente. Néstor la miró con bronca y con ganas de responderle, pero Franco se anticipó para no tener que soportar la escena repetitiva que se vivía todos los años con Andrea y Néstor discutiendo hasta casi llegar a la agresión física.
- La verdad es que a mí me da igual, o mejor dicho, no me molestan los homosexuales, pero creo que ahora hay más porque está un poco de moda ser gay, es como que sos especial, más interesante, incluso podés hacerte famoso con el simple hecho de que seas puto.
- No, no es que hay más, siempre existieron, lo que pasa es que ahora se conoce más sobre el tema porque se produjo el destape – dijo Isabel.
- Igual, eso de que tenes más posibilidad de ser famoso siendo gay o travesti, es cierto – dijo Gabriela riendo.
- Sí, lo único que nos falta es tener a un puto de presidente y con eso ya la completamos – dijo Néstor.
- Disculpáme, pero ya hubo un presidente gay – dijo Lucas sentándose nuevamente en la mesa. Todos lo miraron sorprendidos.
- ¿Quién? – preguntó su mujer.
- Fue presidente de Rusia: “Putin”.     
- Qué boludo que sos – dijo Gabriela, aunque todos en la mesa festejaron el chiste.
- Te digo que no sería mala idea, son inteligentes y sensibles, no nos vendría nada mal tener a un presidente así en nuestro país – dijo Isabel.
- Algunos, no todos. Otros son histéricos y mentirosos. Bueno, pensándolo bien podrían encajar perfectamente en nuestra política – dijo Franco, sonriendo.
- Che, ¿escucharon lo de las candidaturas testimoniales? – dijo Lucas.
- No, no hablemos de política, por favor – dijo Gabriela casi en tono de súplica.
- Sí, algo escuché, pero no sé bien de qué se trata – dijo el Colo.
- Algunos candidatos que están en las listas por más que ganen no van a ejercer su cargo – dijo Lucas.
- ¡Eso ya es el colmo! Acá da todo lo mismo, como decía Discepolo en el tango – dijo franco
- La idea de las testimoniales, estaría bueno que se pudiera emplear en el casamiento – dijo Néstor riéndose con su ocurrencia –: te casás pero después no asumís.
- ¿Quieren que les diga una cosa que siempre me pregunto? – dijo Franco elevando la voz para que le prestaran atención –. ¿Cómo puede ser que no haya ningún político que tenga la ambición de ser recordado por la historia como alguien que hizo las cosas bien? Por ahí soy un poco ingenuo, pero más allá del dinero, que es una tontería, porque está claro que alguien que es presidente va a tener su futuro económico asegurado, y más allá del poder, que debe ser lo que más los enceguece, cómo puede ser que no haya nadie que tenga la vanidad de ser amado por el pueblo, y ojo, no digo por honestidad o sensibilidad, sino aunque sea por ego, por sentirse como un ídolo para la sociedad. Cómo no hay ni uno que intente hacer las cosas bien de verdad y que la historia lo marque como un prócer. Si yo fuese presidente, sería lo más lindo que me podría pasar, ser querido por todo el país.
- Es muy cierto lo que decís, yo pienso igual – dijo Isabel.
- Sí, la verdad es que nunca lo había pensado de esa manera – coincidió Andrea.
- Lo que pasa es que este tiene cara de pelotudo pero tampoco hay que dejarse llevar por las apariencias – dijo Lucas refiriéndose a Franco.
- Y sí, las apariencias suelen engañar – dijo Franco, con sorna y haciéndose el interesante.
- Eso es cierto, fíjense que ésta acá, ni habla, parece calladita, pero después cuando estamos solos me taladra la cabeza todo el día – dijo el Colo, refiriéndose a Elisa que se ruborizó, aunque el rojo de su cara parecía reflejar más un sentimiento de furia reprimida que de vergüenza, debido a las reiteradas observaciones de mal gusto del Colo.
- Si yo fuera presidente lo primero que hago es prohibir el fútbol – dijo Andrea cortante.
- ¡Uh, ya salió la anti fútbol! Cuando ve una oportunidad se la agarra con el fútbol – dijo Néstor, meneando la cabeza.
- Es lo único que les importa a ustedes. Están todo el día embobados frente al televisor, mirando los partidos – dijo Andrea, recriminándole a su marido.
- Y vos te la pasás toda la tarde mirando esas novelas boludas que desde el primer capítulo ya sabes cómo van a terminar – retruco Néstor.
- Este también se mira todos los partidos y a veces no sabe ni quién juega pero los mira igual – dijo Isabel, haciendo alusión a su marido.
- ¡No hablés al pedo! Miro los partidos de Racing y los de la Selección nomás – dijo Franco, con actitud defensiva.
- No sé cómo les puede gustar tanto ver a veintidós pelotudos corriendo detrás de una pelota – dijo Andrea.
- No, pará, que a vos no te guste es una cosa, pero el fútbol es muy lindo si lo sabes apreciar – objetó Néstor.
- Bueno, será lindo para vos, para mí son veintidós idiotas corriendo detrás de una pelota – insistió Andrea.
- ¿Sabés lo que pasa Andre? Una cosa es que no te guste, y otra es lo que vos estás diciendo, es como que yo te diga que el tenis, que a vos te gusta, son dos pelotudos que intentan pegarle a una pelotita. No es así, tenés que reconocer que cada deporte tiene su atractivo – dijo Lucas.
- Exacto, es lo que yo le digo – dijo Néstor.
Andrea hizo un gesto de aceptación sólo porque lo había mencionado Lucas, aunque era evidente que se le quedó atragantado algún insulto para Néstor.
- Igual, te digo que te tiene que gustar mucho el fútbol para sentarte a ver un partido de Racing – dijo Lucas, mirando burlonamente a Franco, fanático de La Academia.
- ¡Ah, bueno! Pará, que San Lorenzo tampoco es la Naranja Mecánica – le respondió Franco.
- ¿Che Colo, querés que les contemos como es ser hincha de un club ganador como Boquita? Por ahí se despabilan y se hacen hincha de un club de verdad – le dijo Néstor al Colo, buscando complicidad.
- No, dejá, no lo van a entender – el Colo le siguió la joda.
- Claro, con los árbitros y la AFA a favor, cualquiera se hace grande – dijo Franco.
- Eso es de perdedores, reconocé que Boca es más grande que Racing y punto – dijo Néstor, subiendo los hombros y estirando los brazos hacia el costado.
- Callate, que los tenemos de hijos a ustedes – dijo Franco juntando los dedos de su mano y agitándola.
- ¡Esas son bobadas! ¿Para qué contar los partidos ganados o perdidos? Lo único que cuenta, son los campeonatos – dijo el Colo.
- Bueno, si lo que cuenta son los campeonatos, acordate que River les lleva bastante ventaja en torneos locales – dijo Lucas.
- ¿Ven lo que les digo? El fútbol los estupidiza, en un rato terminan a las trompadas – dijo Andrea, mirando a las demás mujeres, buscando alianzas.
- Sí, che, paren un poco con el fútbol, no se pongan densos – dijo Isabel, con cara de hastío.
- Déjenlo para la mesa de café – acotó Gabriela.
Se hizo silencio durante un rato largo. Néstor se sirvió otro Fernet, y esta vez Lucas, Franco y el Colo lo imitaron. Las mujeres, mientras tanto, observaban  con interés un desfile de modas en el televisor.
- ¡Mirá las varices que tiene esa en las piernas! – dijo Gabriela, señalando a la modelo que caminaba por la pasarela.
- Además, si la vista no me falla, camina medio chueca… o tiene las piernas torcidas – agregó Isabel.
- Sí, y tiene muchas tetas, es como que no le coincide bien con el cuerpo – Andrea agregó una nueva crítica.
- ¡Para mí, está buenísima! – dijo Néstor, casi babeándose.
Las modelos siguieron desfilando y ante cada elogio de belleza de los hombres, las mujeres buscaban puntillosamente los defectos, casi de manera obsesiva, en una manifestación de envidia y celos que es muy difícil de comprender para el género masculino.
Elisa observó en su reloj y se percató que sólo quedaban unos minutos para que dieran las doce y empezara el Año Nuevo, así que las mujeres fueron en busca de los turrones, el pan dulce y demás confituras características de las fiestas, mientras los hombres exigieron que no olvidaran las botellas de champagne.
Cuando se hicieron las doce en punto todos se levantaron de sus asientos y alzaron las copas. Como era costumbre, cada uno fue diciendo su deseo para el año que estaba empezando. Dejaron que la primera fuera Elisa, ya que era la nueva en el grupo.
- Yo brindo para que tengamos buena salud que es lo más importante – dijo tímidamente.
- Yo, porque el cura no nos cobre demasiado para casarnos – dijo el Colo, mirando tiernamente a Elisa.
- Yo, por que La Academia no se vaya al descenso – dijo Franco, mirando al cielo.
- Yo, para que nuestro hijo nazca sano – dijo Isabel, llevando sus manos a la panza. Todos se sorprendieron, incluso Franco que no estaba enterado del embarazo de su mujer, ya que lo había mantenido en secreto para darle la sorpresa a su marido en ese preciso momento. Se produjo un impasse en el brindis, y todos felicitaron a los futuros padres. Después, retomaron el rito de los deseos para el año que comenzaba.
- Yo, levanto la copa bien alto para que este año haya paz mundial – dijo Gabriela, que nunca era muy original para brindar.
- El mío es para que sigamos compartiendo estos momentos todos juntos por muchos años más – dijo Lucas.
- Yo, en esta ocasión, quiero brindar por que se cumplan sus deseos, que el Colo y Elisa se casen – dijo Andrea y los miró –, y por la agradable sorpresa del hijo que están esperando Isabel y Franco. En lo personal me conformo con que el año que empezó sea un poco mejor que el que se fue, y sobre todo para que mi marido no diga una estupidez cuando le toque hacer el brindis.
Todos miraron a Néstor, que siempre era el último en el simbólico acontecimiento, y siempre salía con una broma o algo fuera de lugar, lo que terminaba de irritar a Andrea. Néstor levantó bien alto su copa de Fernet. Ya nadie le insistía sobre la cuestión estética de brindar con champagne y ni siquiera se dejaba tentar por la sidra o el ananá fizz, ni por cualquier otra bebida propia de la tradición del brindis. Su única bebida, era Fernet con Coca y no había forma de convencerlo para que tomara otra cosa.
A pesar de que todos estaban esperando que sucediera lo peor con las palabras de Néstor, éste mantuvo su rostro serio y compenetrado en la hoja que acababa de sacar del bolsillo de su pantalón. Hizo un breve silencio y comenzó a leer con convicción:
“Para este año es menester que señale la necesidad de brindar por aquellos que no tienen la posibilidad de tener una vida digna. Esos que son olvidados por el destino. Mi deseo es que los gobernantes realicen las acciones necesarias para el beneficio de estos seres humanos, ya que durante décadas se jactan de gobernar para ellos pero en realidad nunca lo han hecho. Por otra parte quisiera brindar por las familias, que son lo que más debemos cuidar y amar. Además quisiera expresarles lo mucho que disfruto de su compañía y de estas reuniones. Por todo esto es que brindo este fin de año…”
Néstor alzó la vista y guardó su papel, sin dejar de mantener su copa en alto. Todos quedaron unos segundos perplejos al escuchar las palabras sorpresivamente profundas de Néstor. Pero cuando se disponían a comenzar con el ritual de los choques de vasos, pensando que Néstor ya había terminado su discurso, observaron cómo giro su cabeza y mirando a Andrea dijo, con sonrisa lobuna:
- ¡Por todo eso brindo! Pero por sobre todas las cosas, ¡brindo porque todos los putos y curas abusadores sean ejecutados de un disparo en la cabeza!
La furia de Andrea se desbordó y le arrojó la copa de champagne a Néstor, que respondió con igual rapidez empapando a Andrea con el Fernet.
Isabel logró sujetar a Andrea antes de que intentara agredir físicamente a Néstor, quien luego de servirse otro Fernet, se retiró satisfecho a la vereda, para observar los fuegos artificiales que ya iluminaban el cielo de la calurosa noche del nuevo año.
Después de un rato, cuando ya no quedaba nada más que decir, ni tomar, todos se fueron de la casa de Lucas y Gabriela. Se saludaron en la puerta y cada pareja se retiró por su lado.
Elisa, si bien estaba un poco enojada por algunos comentarios del Colo, se entusiasmó con la idea del casamiento y estuvo despierta casi hasta el mediodía organizando los primeros detalles del evento, pese a los ronquidos ensordecedores del Colo.
Por otro lado, al llegar a su casa, Isabel y Franco abrieron una botella de champagne y brindaron felices en la cama por el hijo que venía en camino.
Andrea y Néstor llegaron juntos a su hogar, pero sin dirigirse la palabra. Andrea durmió en la habitación y Néstor se acomodó en el sofá del comedor, tomándose el último Fernet y mirando la grabación de un partido de fútbol.
Por su parte Lucas y Gabriela, después de arreglar el desorden que había quedado en la casa, hablaron sobre lo sucedido en la noche y volvieron a quejarse por el comportamiento inadecuado de Néstor y Andrea.
Estuvieron de acuerdo con el hecho de que sería la última fiesta que compartirían todos juntos. El próximo fin de año lo pasarían solos, o en casa de alguno de sus parientes.
Se durmieron sabiendo que en un par de días se les pasaría el enojo.
Al año siguiente todo sería como siempre y una nueva sobremesa tradicional argentina se llevaría a cabo en su casa, donde nuevamente se pondría de manifiesto uno de los placeres más recalcitrantes y reincidentes del ser argentino: hablar al pedo.
 

No hay comentarios.: